
Comunicas.- El “protector de los pueblos libres”, el prócer uruguayo José Gervasio Artigas, decía con tanta claridad: “nada podemos esperar si no es de nosotros mismos”.
Siglos después aquí estamos. ¿Mejor?, ¿Peor?. Podríamos decir mejor, pero como somos tantos, los problemas son peores.
Y casi siempre en la historia ha sido lo mismo: hay una “masa”, integrada por la grandísima mayoría de las personas, que son las que realmente tienen el poder para mover las cosas, pero inermes, inmersas en una profunda división debido a un irracional egoísmo, superadas por el miedo, desmotivadas y discapacitadas para tomar decisiones – inclusive las suyas; y hay también “gobernantes”, personas – igual que las de la masa – pero al parecer con una visión más amplia, con mayor seguridad en sí mismas, y un problema de ego que les hace creer (hasta convencer a los demás) que son los que tienen en sus manos el rumbo de nosotros, la humanidad.
¡Ya es la hora!
Comenzó la segunda década del nuevo milenio. ¡Hay que despertar!. Son milenios de historia, y todavía los ciudadanos del mundo no hemos resuelto nuestros problemas.
Ya el mundo no soportará más nuestra carga, y la naturaleza, la más sabia de las hembras, simplemente nos desechará.
Es momento de actuar, y el principal objetivo es nuestra consciencia, nuestra razón.
Cambiemos lo que está mal en nuestra vida, y luego asumamos nuestro rol en la evolución real de nuestra sociedad, de nosotros, la especie humana.
Ahora. Analizando de una manera pragmática, el cambio, el verdadero cambio, la verdadera revolución tenemos que desarrollarla en la economía.
La economía debe cumplir su claro objetivo con la correcta distribución de los recursos para la satisfacción de nuestras necesidades, las de todos.
Y para ello sólo hay un camino: que la democracia impregne a la economía.
Que nosotros construyamos una economía democrática. Que ninguno quiera ser utilizado como un simple “recurso humano”, y que ninguno quiera utilizar de esa terrible forma a otro hermano, a otro ser humano. Que tomemos el poder económico – que nos pertenece – porque somos nosotros, la mayoría, los que motorizamos a la economía.
¿Qué pasaría si todos los empleados de una empresa decidieran hacer su propia empresa para ofrecer los mismos productos o servicios?, ¿Podrían o no?
¿Y cómo esa empresa con tantos socios se organizaría para ser eficiente?. Democráticamente, claro.
Los que gobiernan se han llenado la boca, y han llenado nuestras mentes, con la palabra democracia. Y tienen razón, es el camino. Pero para que sea realmente plena, para que re-evolucione nuestra sociedad, tiene que llegar al poder económico.
Por Juan Perfetti
Empresario democrático

Deja una respuesta