Comunicas.- La unión hace la fuerza. Somos seres sociales que, para crecer como sociedad y alcanzar el bienestar de la humanidad, nos necesitamos los unos a los otros. Somos interdependientes.
Cada ser humano tiene un potencial creador invaluable, y entre todos tenemos el poder transformador y motorizador de nuestra sociedad.
Ese potencial, esa capacidad creadora, ese poder con que hemos logrado una evolución tecnológica impresionante, las más grandes obras, los más veloces vehículos, la mayor capacidad constructiva; es generada por las personas que trabajan: por el esfuerzo de los obreros y la inteligencia de los más capaces técnicos y científicos. No fue el dinero.
El dinero es sólo un minúsculo incentivo que se le pagó a los empleados para que entregaran su invaluable capacidad creadora. Y ese dinero con el que se paga a los empleados, fue generado por otros empleados que lograron el desarrollo de la economía, no por los “hombres de empresa”.
Hemos sido utilizados. La capacidad manual, técnica, científica y tecnológica. Todas nuestras aptitudes y nuestra proactividad ha sido utilizada por los que dominan el poder económico. Por los que nos dominan.
Utilizados para crear grandes armas o productos que dañan nuestro ambiente. Empleados para extraer petróleo en vez de crear nuevas formas de generación de energía. Empleados para consumir. Empleados para seguir una línea editorial. Empleados sin voz ni voto en las empresas. Utilizados como recursos humanos.
Somos nosotros los que mantenemos -y damos cada vez más fuerza- a este ilógico sistema. ¿Y cómo, siendo nosotros los que realmente movemos este sistema económico, permitimos que nos utilicen?. Fácil: nos dividen, nos han hecho creer que no podemos unirnos. Que es mejor estar sólos. Que realmente no podremos hacer nada. Exacerban nuestro egoísmo.
Y aunque parezca insólito, nos lo creímos. A pesar de que justamente el esfuerzo en equipo y organizado que hacen los grupos de “recursos humanos” en las empresas es lo que ha permitido el desarrollo de la economía, de aumentar la rentabilidad de las inversiones, y hacer más ricos a los empresarios mercantiles, nos creemos el cuento de que no podemos hacer nada para cambiar los problemas de nuestra sociedad.
Los ciudadanos de todo el mundo, la mayoría de ellos empleados o auto-empleados, los pequeños y medianos empresarios, son los que tienen en las manos y sobre sus espaldas, la evolución de nuestra sociedad. Es nuestra responsabilidad que el futuro este lleno de vida o de muerte.
La solución es que trabajemos en conjunto por consolidar una verdadera democracia. Una democracia económica. Que el poder económico sea democrático. Que las empresas, y las redes de relaciones empresariales, sean de todos los que trabajan en ellas, propietarios.
El capitalismo nos conduce a la inminente destrucción de la humanidad. Y nosotros, la mayoría, los empleados de alto nivel, los técnicos, los obreros, los auto-empleados, los pequeños y medianos empresarios, somos el motor de la economía capitalista.
La democracia representativa no funciona. Los políticos siempre llegarán al poder político financiados por los del poder económico que nos dominan. Y eso no es una verdadera democracia.
Es necesario que la democracia impregne a la economía, y de esa forma socavar los pilares del sistema político-económico al que nos hemos subyugado.
En el siglo XIX nació en Gran Bretaña, gracias a la capacidad innovadora de unos empleados, el modelo económico cooperativo. Año trás año son más las personas -de cualquier religión, color de piel, país, posición política, etc- que entienden que realmente pueden lograr un cambio con su trabajo, con su participación directa en la economía. En la actualidad más de mil millones de personas en casi todos los países del mundo trabaja de forma democrática a través de sistemas y empresas de cooperación. Las empresas cooperativas son la forma de producción, progreso y desarrollo económico verdaderamente democrático, y los Estados están en la obligación de incentivar su crecimiento en pro de la participación activa de los ciudadanos en el progreso económico y social. En la mayoría de los países las cooperativas están exentas del pago de impuestos – que si fueran empresas mercantiles destinarían a las oscuras arcas del Tesoro del Estado – ya que como empresas democráticas pueden incidir directamente en el desarrollo de la sociedad.
Empleados, ustedes sí pueden unirse para formar empresas democráticas. Empresarios, tengan coraje y promuevan la transformación de sus empresas mercantiles a empresas democráticas. Con nuestra voluntad lograremos la evolución de nuestra sociedad, la democracia económica.
Por Juan Perfetti
Empresario democrático
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