Comunicas.- La bella Grecia, la de los Dioses del Olimpo, la cuna de la filosofía. La vemos aplastada en estos momentos por un demonio titánico, digno de formar parte de su mitología. Oculto pero visible, de cien cabezas y mil engendros, que se alimenta del egoísmo y la ignorancia, y que se cubre con el manto de la falsa democracia.
Ahí está Grecia, ahí sus ciudadanos… azotados, molestos, hambrientos, y en bancarrota.
De Grecia viene la palabra Demos, que significa pueblo, y también viene la palabra Kratos, que significa poder; democracia: el poder en las manos del pueblo, de la mayoría.
Y me pregunto humildemente ¿Por cuál democracia votaban los griegos? ¿Cuál democracia puede permitir que un país, y por ende sus ciudadanos, caigan en bancarrota? Y sólo hay una respuesta: ninguna. La farsa del voto cada 4 o 5 años (en el mejor de los casos), donde -como dice Eduardo Galeano- sólo tenemos la opción de elegir en que salsa seremos comidos. Esa extraña democracia teatral, donde el poder está secuestrado por unos pocos, y administrado por marionetas amoldables.
Los griegos, tal como la grandísima mayoría de los ciudadanos del mundo, viven y sobreviven en la fantástica democracia titiritesca que nos presentan las poderosas empresas mercantiles transnacionales, y sus devotas nacionales.
En la actual “crisis económica mundial”, la primera víctima (claro, después de las víctimas tradicionales) es, paradójicamente, Grecia.
Y digo paradójico porque Grecia es prácticamente la Madre de la civilización occidental.
Veámoslo así, la Madre de la civilización dominante en nuestra civilización actual, está moribunda. Está herida en lo más profundo, en la democracia. En la cara de la gente burlada y humillada.
Kratos: poder
En estos momentos, los mismos que causaron la enfermedad venden el remedio: endeudar al país, prestarle dinero, pero con condiciones atroces para los ciudadanos. Eliminar ayudas sociales, privatizar lo poco que no esté privatizado, reducir los impuestos a las empresas y aumentar los impuestos a los ciudadanos. La canción que siempre cantan las instituciones que forman parte de la dictadura económica: el FMI y el Banco Mundial. Esa canción en la que le dicen “recursos humanos” a las personas, y donde los gobiernos (sus marionetas) son simplemente administradores de las sobras, y promotores de la apatía y el individualismo.
Pero tranquilos. Los errores nos hacen aprender, nos dan experiencia y sabiduría para el futuro. Toda causa tiene su efecto. No será hoy, ni mañana, pero la ciudadanía griega ya se despierta del golpe farsante, y no se quedará de brazos cruzados.
Como sus antecesores, y más pronto que tarde, los griegos (y también todos nosotros) entenderán que el camino sí es la democracia. La verdadera democracia, la de la economía, la democracia de una sociedad con ciudadanos propietarios de su presente y de su futuro. La gloriosa democracia económica.
Por Juan Perfetti
Empresario democrático
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