Comunicas.- Desde que se supo que Brasil y Portugal jugaían en el mismo grupo nadie podía esperar a ver dicho partido. Queríamos ver a Kaká frente a Cristiano Ronaldo, así como otros pesos-pesados del balompié mundial.
El calendario presagiaba un duelo a muerte por ser el último partido de ambas escuadras. Pero los resultados previos de sus respectivos duelos dieron como fruto un partido amargo, lleno de especulación.
Brasil no jugó a media máquina, Brasil jugó casi a nada, dosificando, para no arriesgar ninguna lesión probablemente sabiendo que van a encarar los octavos de final. Portugal por su parte mostraba poca respuesta, quizás por temor a la pegada de su rival. Salvo Cristiano que tenía ganas como siempre pero la ansiedad le ganaba al atacante luso.
Fue flojito el encuentro. Se dedicaron mayormente a pegarse mutuamente en el primer tiempo, prueba de ello las cartulinas amnarilla que mostró el colegiado mexicano Armando Archundia a Juan de Brasil (min. 24), Thiago y Coentrao de Portugal (mins. 34 y 44).
Fue un recital de patadas y duras entradas, en lugar de tavelinhas, regates,bicicletas y demás.
Los lusos, estaban relativamente tranquilos con el colchón de 7 goles a favor que ostentaban, y por eso no sorprendió que conforme pasaban los minutos se sintieran plácidos con el 0-0.
Poca tela que cortar. Pocas incidencias relevantes que contar. Perdimos los aficionados al buen fútbol. Y Costa de Marfil, que a la misma hora se despedía de manera agridulce, derrotando a Corea del Norte 3-0 más no le alcanzó.


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