Luz Gutiérrez, economista de profesión, se mudó desde El Marqués a un conjunto en Parque Caiza recién empezado el siglo XXI, en 2002, luego de la insistencia del dueño original del apartamento. No estaba convencida por la lejanía de la zona, pero al llegar y sólo ver la vista no se lo pensó más.
Desde entonces, ha visto un incremento en los problemas de la urbanización de unas 15.000 personas en doce conjuntos residenciales, las casas y el fundo, desde los servicios y la inseguridad hasta problemas de urbanidad. En vez de esperar a que otros resolvieran, empezó a involucrarse en los asuntos de la comunidad, empezando por los de su edificio y ahora como parte de un grupo que trata de ser enlace con Parque Caiza y las autoridades que pueden resolver los problemas.
Hoy en día, Gutiérrez ha logrado destacarse como activista en la zona, gracias a los contactos que ha logrado más allá de lo que considera los «amiguismos» y los chismes que la han rodeado. Sobre todo, trabaja porque Parque Caiza sea considerada una urbanización mejor estructurada, lo que quiere decir tener una vialidad urbana, plantas de tratamiento adecuadas y otras modificaciones para lograr una mejor calidad de vida. «Si tú no tienes un nivel de conocimiento a la hora de exigir a la alcaldía, no vas a lograr nada», asegura.
¿Por qué cree que los vecinos no se involucran más con la comunidad?
Desde tu perspectiva empiezas a pensar que es la gente no se preocupa porque no sabe que hay problemas en su comunidad, que no se preocupa porque no sabe que esos problemas van a impactar en su calidad de vida, o debe ser que él solo no puede resolver todos los problemas de una comunidad. Entonces uno trata de empezar a visibilizar los problemas de la comunidad y que los vecinos entiendan que ese problema que parece no impactar mucho también le va a afectar. En parte por eso empecé, para poder tener mi montaña bella y entera, y llevarle a la gente la problemática que está viviendo.
¿Cómo empezó a involucrarse con la comunidad?
Yo empecé con la junta de condominio del Vista Daimar. Como era mi primer apartamento comprado creí importante asistir a las reuniones de condominio, porque ahí se tomaban las decisiones importantes. Ahí tienes otro nivel de conciencia, porque no eres ya inquilino o tienes la actitud de «ay ese apartamento es el de mi pareja». Entonces ahí empiezas a ver esos asuntos de ego y esas disputas. Pasé de ser simplemente oyente a involucrarme en las reuniones. Había un hombre que era muy trabajador con la comunidad, pero tenía un ego impresionante, de esos que decía «tienes que hacer lo que yo diga», y era muy pichirre: si había alguien que quería arreglar el jardín él no le quería pagar. Hizo muchas cosas buenas por la comunidad, muy interesantes, pero era medio déspota.
Era tal los pleitos que yo dejé de asistir a las reuniones por dos o tres años. Pero luego su esposa y otra vecina muy querida por mí se unió a la junta, y ahí empecé a apoyarlos más. Hasta que un día la esposa me pide que se meta en su equipo de trabajo. Y empecé a tener choques con él. Un vecino, el señor Naranjo, en otro edificio me empezó a formar en leyes de condominio, a cómo manejar el asunto, y él me llama un día a decirme que está mandando a arreglar su podadora. «A mí me contaron que ustedes tenían problemas con su podadora, aquí tengo al señor que va a arreglar la mía, si quieres que se lleve la suya y él se compromete a arreglarla», me dice. Yo ni lo pensé y le dije que sí, que se la llevara. Al siguiente domingo yo estando en la playa me llama el presidente de la junta de condominio a reclamarme. «¡Qué haces tú tomándote atribuciones que no te corresponden!», me dice. Le contesté, «Señor Marcos, hoy es domingo, hablamos mañana». Durante la reunión de la junta de ese lunes, me volvió a reclamar. Le dije que era un señor de confianza y era algo necesario, pero él reclamó que no le consulté.
Con esa actitud, todo el mundo de la junta se le fue, hasta que quedamos nosotros dos solos. Luego otra vez me reclamó, y esta vez delante de la esposa que no dijo nada. Le exigí respeto y luego me amenazó: «Tú lo que te estás buscando es que yo te deje esto a ti sola, a ver cómo vas a hacer». Al principio me asusté, pero luego le dije: «Mira Marcos, a mí no se me ha muerto mi muchacho, entonces no creo que se me vaya a morir una junta de condominio». Al día siguiente metió la carta de renuncia. Hablé con el señor Naranjo aterrada y me dijo «Tranquila, lo que necesitas es esto, esto y esto», y empecé con la junta.
Empecé a tener problemas con los conserjes y empecé a ver cómo se mueve la dinámica del poder. Una señora que era de la junta anterior y me decía «yo te apoyo en lo que necesites». «¿Pero no quiere pertenecer a la junta?», le dije. «No, pero lo que n necesites te apoyo». Pero como pudimos salimos adelante. Fue reelegida para una segunda junta y ahí formé un equipo maravilloso. Ahí me di cuenta que uno no puede ser imprescindible en una junta, que se debe dar la oportunidad de que surjan nuevos liderazgos. Así como yo me descubrí en la junta de condominio, que alguien más se descubra. Esto no se lo he dicho a mucha gente, pero mi tiempo en la junta me enseñó a mejorar mi desempeño profesional y hasta personal. Yo sufría de miedo escénico, pero cuando me quedé sola en la junta de condominio no me quedó de otra.
¿Y en qué momento sales de la junta de condominio de Vista Daymar y te empiezas a preocupar por el resto de la urbanización?
Luego de que salgo de la junta en 2008, empiezas a sacar la cabeza de tu edificio y te das cuenta que hay problemas en tu urbanización, en tu comunidad. Había una señora que me contactó mientras yo estaba en la junta que me pedía mi firma para actividades, y yo veía que estaba muy entregada a la comunidad. La gente me decía cosas como «Esa señora se roba la plata», «Esa señora se robó lo otro», y cuando yo le preguntaba que si había pruebas me decía cosas como «Eso todo el mundo lo sabe». Le pregunté sobre esos rumores y entre risas me dijo que todo el mundo decía eso pero nunca habían pruebas. Sale el tema de los consejos comunales y ella rapidito armó el suyo, y un día me manda a pedir la cédula. Cuando vine a saber me había metido en un comité de Ambiente del consejo.
Nunca me constó que se robó plata, pero sí hizo un mal manejo de unas camionetas que donó la alcaldía en 2010. Un día fui y la confronté por eso, y me dijo que se habían dañado y que se iban a vender para comprar unas mejores. Pasa un tiempo y espero y aún no aparecen las camionetas. Me dice que depositó el dinero y estaba esperando a que llegaran las camionetas. Cuando veo el documento compra-venta, las había vendido a familiares suyos. No era una ladrona, para nada, sino una señora que la dejamos sola a que tomara decisiones por su cuenta, y con unos cuantos tontos útiles que decían «Ella está trabajando por la comunidad, ¿qué estás haciendo tú por la comunidad?».
Se vio la necesidad de tener un sitio donde tuvieras una hilación de lo que la gente hacía. Y de ahí sale un proyecto de reciclaje que me llegó. Le dije que no iba a llevarlo al consejo porque estaba muy desacreditado, así que empecé el grupo Caiza Positivo en diciembre de 2011, como un apéndice de EcoClick, quienes me llamaron para el tema.
Eso creó una primera rencilla, primera de muchas. ¿Cómo ha sido manejar eso?
Te lo cuento así: un día estaba saliendo con mi hijo luego de un mal día en el trabajo y me encontré con el conserje. Le empecé a reclamar por una serie de cosas, y mi hijo está avergonzadísimo. En una de esas le dice al conserje, «Hembra alfa». En lo que llego a mi oficina empiezo a buscar y veo que la descripción me queda. Es algo que me ha pasado mucho tanto en mi trabajo como en la vida personal. A veces he hecho a la gente incómoda por mi actitud, y es eso que me pasó con el primer presidente de la junta de condominio. Yo le meto el pecho a todo, no me intimida nada.
Además yo me cuido mucho de la veracidad de lo que estoy diciendo. Cuando me decían que la señora se robaba la plata yo no lo creía, yo tenía que vivirlo, para saber si era verdad. Ha sido un tema de integridad. De paso no soy una persona muy íntima, el llamado «person to person» no lo manejo demasiado bien. Más bien me cuido mi espacio.
¿Qué fue lo primero que había que atender en Parque Caiza?
Lo primero era crear redes. Yo no hago nada trabajando por la comunidad si no tengo dónde plasmarlo. Y luego empecé a conocer a la gente para poder trabajar con ellos. Así empecé a conocer mucha gente que quería trabajar, gente que aportaba bolsas, bidones de agua, que buscaban voluntarios. Y así se empezó a desvincular el conflicto del consejo comunal con la asociación civil, pero me ganó la enemistad de la gente de la asociación. Así logramos la unidad suficiente para detener una invasión en unos terrenos, yendo directamente al (Instituto Nacional de Tierras), con profesionalismo. Cuando ha sido la asociación civil, que lo que hace es pura bulla, las invasiones se instalan. Y ahí están. Cuando han funcionado las cosas, es por la comunidad organizada, no por la asociación civil.
Lo malo ha sido que la gente no quiere confrontar los problemas. Mucha gente se ha vuelto fanática del (ex) alcalde (Carlos) Ocariz, que si uno reclama que la vía está mala saltan sus fanáticos a decir que por qué yo digo eso. Que siempre es porque no hay recursos. Ocariz ha visitado varias veces Parque Caiza, pero no ha sido eficiente. Por lo menos se hace una gran bulla porque Ocariz inauguró un parque de perros y yo pregunto, ¿yo lo elegí para que inaugurara un parque de perros o para que me arregle mis vías, que me acomode mis aguas negras? Tú no sabes qué necesita la comunidad, así que necesitas gente que te informe de los problemas. El problema es que todos los que designó se convierten en fanáticos del alcalde.
Había mucha gente que está por ahí sentada esperando a que las asociaciones civiles resuelvan, que el consejo comunal resuelva, y nadie lo hace. Y entonces hay que empezar a moverse, a crear movimientos.
¿Qué espera de la gente de Parque Caiza?
Que entendamos que movilizándonos, afrontando los problemas, los podemos solucionar. Yo no me puedo quedar como los consejos comunales, tejiendo las redes de vecinos, buscando aquí y allá, sin hacer ninguna acción. Se quedan en nada y eso genera frustración y eso hace que no quieras hacer nada. Además de la situación país, eso lleva al desánimo. Hay que mostrarles que sí hay un camino, que sí se pueden lograr las cosas, pero hay que moverse.



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