La industria del secuestro se instaló en nuestras calles

 

El secuestro se está incrementando de forma alarmante. Foto: archivo.

La industria del secuestro ya forma parte del ADN urbano. Es un flagelo que no distingue, ni discrimina; cualquiera puede ser víctima, del bando que sea, color, posición; sólo importa que la víctima esté —de algún modo— conectada con recursos económicos, directa o indirectamente.

La industria del secuestro tiene su estructura. Hay jefes que planifican y ordenan, mientras subalternos ejecutan. Según los expertos, existen unas 8 empresas asociadas al delito de secuestro solo en el área metropolitana, las cuales le rinden cuentas a una empresa madre o cabeza. Lo más grave es que entre los operadores de esta industria hay, no sólo delincuentes expertos y principiantes, sino también efectivos policiales activos, según han reportado los mismos cuerpos de seguridad, en declaraciones a los medios de comunicación.

El grado de efectividad de esta industria al margen de la ley es comparable con la alta gerencia. Ubican a una posible víctima al azar, gracias a sus contactos o enlaces diseminados por toda la geografía en zonas clave; también se apoyan en la observación del vehículo, la vestimenta y la zona que frecuenta el candidato; lo estudian minuciosamente mientras le hacen seguimiento durante un corto período de tiempo, hasta que llega el momento, hora y lugar para actuar con absoluta impunidad y gran rapidez. El secuestro planificado con tiempo, según especialistas, ya no es una modalidad en la actualidad.

Los encargados de realizar el secuestro, sub-contratados, no conocen al jefe de la banda; una medida de seguridad para la propia organización delictiva. Una vez consumado el secuestro se inicia una carrera contra reloj, para canjear a la víctima por moneda dura, oro o joyas.

La víctima puede ser utilizada para pedir rescate, o para ir hasta su residencia y despojarlo de todo, dejarlo —literalmente— a pie.

En el caso de secuestro para pedir rescate, un negociador, por lo general el jefe de una banda, se encarga de contactar a los pagadores, quienes pueden ser familiares o allegados del entorno empresaria de la la víctima. Los cobradores del rescate son personal de alta confianza del jefe; mientras que los cuidadores de la víctima son de bajo rango o principiantes en la cadena delictiva.

Tras haber acordado el pago, luego de una corta y tensa negociación, se acuerda el sitio para la entrega del botín. Una vez entregado el dinero o joyas, en pocas horas el secuestrado es liberado —casi siempre— en una zona remota, de poco tránsito y con difícil acceso. En este caso, la víctima tuvo suerte. Otros no han vivido para contarlo.

Es importante resaltar que no existe zona segura para la ciudadanía en la Gran Caracas. La industria del secuestro opera en los cinco municipios. El municipio Baruta es el de mayor incidencia de secuestros, según funcionarios policiales. Solo existen zonas seguras para los delincuentes, por ser el área geográfica desde donde operan, como El Valle, El Cementerio, la Cota 905, San Agustín y Chacao; por citar algunas.

Es fundamental que la ciudadanía reestructure su día a día, que cambie hábitos, que aprenda cómo mantenerse en alerta en las calles. Recomiendan desarrollar una actitud de seguridad, de no exponerse, de eliminar conductas que podrían propiciar el secuestro. Hay una serie de recomendaciones sobre cómo desenvolvernos en público; algunas de ellas, a saber:

• No utilices joyas en público
• Vístete de forma no llamativa
• Si puedes, utiliza vehículos sencillos
• Elimina cualquier conducta ostentosa
• Prefiere siempre andar en grupo
• No te quedes dentro de tu vehículo al estar estacionado
• No permanezcas conversando en sitios abiertos
• No manipules tu teléfono celular en público
• Al ir a un banco o al cajero ve acompañado y en actitud vigilante
• Cuando salgas, ve de un punto A a un punto B, sin distraerte, evitando paradas extras

Por favor, no te expongas, cambia tus hábitos cuando estés en las calles, no sabes quién podría estarte observando. No se trata de generar un estado de alerta paranoide, es un llamado al sentido común, a la cordura y sensatez, a estar alertas y no exponernos innecesariamente. Un cambio de actitud, de hábitos, podría marcar la diferencia, incluso, salvarnos hasta de un secuestro.

 

 


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